CUMBRES DE CARTAGENA: SENDERISMO
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Sierra de Villafuerte: Diversidad natural


Si de alguna manera tuviera que manifestar las sensaciones que me produjo esta ruta fue la de sorpresa, a pesar de las bondades que nos comunicaba el club en su información previa de la ruta,  hasta que no lo ves no acabas de creertelo. De mis andanzas por estos lugares poco había pateado, aunque si que lo había recorrido en 4x4, haciendo fotos por los muchos kilómetros de pista que atraviesan y rodean esta sierra y las colindantes y que cuentan con una extensa red de caminos, que aunque largos también os pueden valer para hacer bicicleta de montaña, eso si, en la casi absoluta soledad. Y es que la Sierra de Villafuerte guarda parte de sus tesoros bien escondidos y tienes que buscarlos a pie, entre ellos os destaco: un paraíso botánico para los amantes de los arboles, arroyos con agua, una pequeña pero elegante cascada, zona Zepa ( por lo que si te gusta es ver aves) y LIC, pero por encima de todo una ciudad encantada formada por mil y una forma caprichosa que la erosión ha modelado en las rocas y que conforma un paisaje espectacular, que en esta ocasión con una nube baja sobre nosotros conformaba un escenario de película de terror magnifico, parecía que en cualquier momento podría salir a nuestro encuentro un vampiro, zombie o Fredi. Y como colofón, siempre me gusta hacer una cumbre, puedes subir al Cerro de Villafuerte, aunque el día no nos acompañó para este menester, estoy seguro que desde los cortados de su cara norte tiene que haber unas vistas magnificas del Calar de la Santa, La Rogativa, Revolcadores ...

La Sierra de Villafuerte se encuentra situada en el termino municipal de Moratalla, teniendo su acceso más fácil desde las poblaciones de El Sabinar y el Calar de la Santa. Enlace para llegar. La extensión de sus dominios es de 6.569 hectáreas y sus mayores alturas son el Cerro de Villafuerte (1747 m) y San Juan o Puntal del Mojon (1699 m), Grajero Alto (1658 m) o Cerro de la Cruz (1645 m), siendo un macizo calizo del que nacen diversos arroyos como el de las Polladas y Blanco, y barrancos con agua (según la época) como el del Cantalar. Para la CARM (murcia natural) "se trata, sin lugar a dudas, del espacio a proteger con mayor diversidad de ambientes dentro de la Región de Murcia". En la ladera del cerro se encuentra instalada la empresa "Aguas de Cantalar", que comercializa el agua de esta sierra y que según los expertos goza de buena reputación por su carácter de agua bicarbonatada, alcalina y lírica. En algunos mapas indica la existencia de un balneario en el lugar donde se ubica,  y esto es debido a que cuando se dio la licencia para su comercialización el 15/01/1891 era requisito obligatorio disponer del mismo. Pero lo cierto es que no se puso nunca en marcha debido a la dificultad de acceso al manantial y por la temperatura a la que el agua salía a la luz, de unos 10ºC. 

Para los botánicos parece ser que esta Sierra es un paraíso, como curiosidad se produce un fenómeno de inversión térmica, consiste en romper la relación normal existente entre altura y tipo de arbolado, lo normal es que los pinos se adapten  hasta una altura máxima de 1.500 m, cambiando luego a especies más resistentes al frío como Laricios, Encinas, Sabinas, Abetos, hasta desparecer por completo el arbolado una vez superado los 2500 o 3000 m. Pues aquí ocurre lo contrario en la zona más baja, en las proximidades de las zonas habitadas es donde se desarrollan las especies más duras como las famosas sabinas, que incluso dieron nombre al pueblo, los pinsapos o las encinas y conforme vamos ganando en altura es el pino el rey. Así en la propia cumbre se puede apreciar el bosque más denso de pinos que vimos en toda la ruta, cuando lo normal es que las cumbres estén peladas de arbolado y más a esta altura. El origen del fenómeno viene dado por las temperaturas que son mucho más frías en la parte baja dada la orientación de las montañas y los vientos predominantes.



Fue todo un placer, sin ser un experto en botánica y ser una estación el otoño poco propicia para ver plantas, por la abundancia de especies y contar con la presencia de Antonio que nos ilustraba de vez en cuando sobre mil y una cuestión como la anteriormente relatada. Así nos destacó la presencia de un "árbol" que se encontraba materialmente pegado a las rocas y que cualquier hubiera confundido con una planta rastrera, hongo o similar, pero que botanicamente es un árbol, con sus ramas y todo, que se ha adaptado a las rocas para captar su calor y humedad.

Si las figuras destacadas en cuanto a los arboles son la sabina, sobresaliendo "La Sabina del Villafuerte", el arce, el pinsapo o la encina, entre las plantas de matorral puedes encontrar  romero, tomillo, espliego, almohadilla de pastor, rabo de gato, oreja de liebre, esparto y rosales silvestres. Además como curiosidad en primavera puedes buscar por estos lares la orquídea de dama u orchis purpúrea, así como el narcissus nevadensis. A pesar de que no soy capaz de identificar muchas de ellas te resultará muy grato caminar con el olor que desprenden muchas de ellas.

Aunque es muy difícil ver animales en una ruta senderista, puedes estar atento, llevar prismáticos o un buen zoom en tu cámara ya que estas en una zona ZEPA, catalogación obtenida por la presencia fundamentalmente de búho real, la chova piquirroja, el águila real y el buitre leonado. Tambien es posible que puedas divisar cabras  o jabalíes y aunque tu no los veas ellos a ti sí, me refiero a garduña, el turón o el zorro.

Estos aspectos para muchos amigos de las montaña son secundarios y lo que más gusta es el sendero y el paisaje que los rodea. Y este es sin duda el plato fuerte de esta ruta. Remontar el Barranco de Cantalar, que cuenta con agua, por lo menos en esta época, aunque es un pequeño arroyo facilmente superable pero que te obliga a buscar los lugares por donde superarlo, rodeando sus pequeños saltos de agua o remontandolos, a veces teniendo que mojar la suela de la bota o caminar por su vereda siempre acompañado del agua, visitar una oculta, pequeña y elegante cascada y atravesar un estrecho paso cubierto entre rocas completan los atractivos de remontar el Cantalar. 

A cierta altura el agua desaparece, pero si hasta aquí ibas maravillado, a partir de ahora entras en éxtasis, si te gustan los paisajes claro, sino solo veras aguas, rocas, barro... Y si hasta el momento habíamos visto alguna que otra figura curiosa moldeada por la naturaleza con formas mil, aparentando caras, animales, dragones, mazas ... ahora las figuras se multiplican, se estilizan y conforman una "ciudad encantada", que en esta ocasión con los efectos especiales del "humo" de la niebla configuraban el paraíso de Bram Stoker sintiéndote vigilado por seres mitológicos detrás de cada roca con "ojos" y de cada arbusto que se movía al avanzar entre la vegetación llena de neblina. En realidad son agujas dolomíticas, pero, ¿seguro que nadie alcanzó la inmortalidad este día?

A parte de los valores naturales también existe restos de una acrópolis ibérica en el Cerro de Villafuerte, aunque no pasamos por los mismos, supongo que por falta de tiempo y que serán una rocas de difícil interpretación para los profanos, no obstante si te gusta el tema puedes buscar información, yo no he encontrado nada especialmente relevante que ofrecerte.


Descripción de la ruta

Aparcamos los coches en la pista que accede a las instalaciones del Cantalar, tras salir de la población del Calar de la Santa y justo después de cruzar un puente bajo el que transcurre el Arroyo Blanco. Se podía haber continuado unos cientos de metros más, pero había un motivo muy importante para hacerlo aquí y era visitar un árbol monumental "La Sabina del Villafuerte" que se encuentra a una decena de metros del camino, junto a otras de porte similar y en unos campos de cultivo.

Tras las fotos de rigor continuamos para abandonar la pista en busca del Barranco del Cantalar, cuyo remonte es nuestro primero objetivo. Rodeamos el Cerro de La Molinera y por sendero llegamos al cauce del barranco del Cantalar que lleva un curso de agua a pesar de lo escaso de las lluvias y nevadas de este finalizado otoño en el día de hoy.

A partir de este punto se trata de remontar el barranco por donde mejor se pueda pasar y menos barro tengas que pisar, ya que la combinación con la roca es peligrosa por los resbalones que te pueden ocasionar y no es época de bañarse. Conforme avanzamos empezamos a ver gigantes de piedra y el cauce comienza a estrecharse.

Llegamos a la cascada, fina, estilizada, con poco caudal pero coqueta y con los colores ocres del otoño que le dan una personalidad propia, hay que bajar una pequeña cuesta para llegar a su base pero merece la pena. El sendero continua justo por la parte de arriba de la misma y llegamos a un estrecho de corta longitud pero que todos se nos viene a la mente la posibilidad de salir despedidos por una riada imprevista y quedar abollado como los bidones que han arrojado al cauce unos desalmados.

Una vez llegamos a la cota de los 1650 m el sendero se aleja del cauce y es aproximadamente en esta zona donde se encuentra una autentica "ciudad encantada" por la proliferación de formas erosivas llamense "frailes", "gigantes", "chimeneas", o  lo que tu imaginación quiera, pero que sin lugar a dudas te dejaran fascinado y si las condiciones de luz son propicias hasta llenaras tu tarjeta de memoria.



En este punto chocamos con las instalaciones valladas con espino de las empresa del agua por lo que tendrás que esquivarlas como mejor puedas para llegar de nuevo a la pista, justo enfrente de la puerta de las mismas. Aquí no te doy pistas, un poco de aventura que si no es muy fácil.

Hacemos una parada para almorzar, al tiempo que vemos las instalaciones, cuyo entorno industrial, es decir guarro y sucio, contrasta con el resto impoluto. La pista llega a un cruce, a la derecha hacia la subida al Grajero Alto, con curvas cerradas y cemento rayado en las mismas para superar las heladas y que nos llevaria a Hoya Alazor y muchos kilómetros de montes de menor altura hasta llegar a Inazares y  tierras de cultivo, y a la izquierda, la que tomamos, que nos llevaría a la carretera general en El Puerto, pero que abandonamos rápidamente para coger el sendero que en una subida asequible nos lleva hasta la cumbre de la Sierra el Cerro de Villafuerte. Esta cumbre poblada de pinos merecería haberla recorrido con más tranquilidad para asomarse a sus cortados de la cara norte y buscar los restos ibéricos que parece ser hay por la zona, pero dado que estábamos en una nube que nos calaba sin darnos cuenta dejandonos escarcha en gorros y demás ropa de protección bajamos rápidamente por una especie de embudo por la zona este y coger de nuevo la pista que nos deja en el Corral de la Fuente de la Peña.

Parada para reponer fuerzas con ágapes navideños como procede en esta época y comenzar la marcha épica. Con unas cuantas horas disfrutando de la montaña ahora toca sufrirla un poco, primero por caminar por pista y segundo por que se nos quedaban los pies pegados a la misma por la gran cantidad de barro, que como tierras movedizas querían tragarnos. Aprovechamos las rocas y la vegetación para limpiarnos pero enseguida volvía el blanco barro a meternos dos pesas en cada uno de los pies.

En un cruce de caminos abandonamos la pista principal, estamos en las proximidades del Collado del Aire y junto a las casas abandonada de Hoya Lobrega, lugar que parece merecer una ruta por su entorno. Nos dirigimos al Collado de las Polladas por donde pasa el Arroyo Blanco el cual seguimos a media ladera. Desde aquí solo hay que seguir la pista principal para llegar al punto de inicio, no obstante el guia quería aprovechar al máximo el día y decidió salirse del mismo para coger un perdido sendero que bajaba al Arroyo Blanco, era su particular forma de despedir el año 2013 con el lema que lo ha presidido: "El agua en la Naturaleza"


Hasta la proxima, nos vemos en el monte,

Fecha: 22/12/2013
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