CUMBRES DE CARTAGENA: SENDERISMO
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Las morras de las Paredes del Leiva


Uno de los lugares más interesante a la vez que conocido de la magna Sierra Espuña es el Valle de Leiva, embudo arbóreo que se abre paso entre los colosos pétreos del Morrón de Alhama y las Paredes del Leiva o Cejo de Valdecanales, desde el collado blanco hasta la amplia meseta del entorno más popular del Sanatario, Perdiz o Fuente del Hilo.

Como  el valle y barranco del Leiva es de visita obligada, tanto por sus valores paisajísticos como senderistas, y de los que ya he escrito en otras crónicas, así como ser el paso natural y más accesible para recorrer otras zonas del Parque Regional como el Malvariche, Perona o subir a los Morroncicos, es casi seguro que habrás caminado por su pista en un agradable paseo y con tortícolis de tanto alzar la mirada en busca de esos diminutos puntos que lentamente ascienden por la montaña asidos a sus maromas.

Y en esos momentos la curiosidad te habrá hecho imaginar como serán esas cimas que los escaladores alcanzan, que vistas habrá de la sierra desde las morras que conforman las verticales paredes y sobre todo te preguntaras si tu senderistas podrías caminar por esa cuerda o si esta reservada a osados montañeros y escaladores. Por tanto el objetivo de realizar esta ruta era ver la viabilidad de recorrer esta ruta y recoger las dificultades que la misma podía representar, así como visitar uno de los rincones que me faltaban por pisar de Sierra Espuña.



La cuerda del Cejo de Valdecanales esta formado por una serie de Morras de altitud muy similar y que en orden sur – norte  serian:
  • Morra del Lentisco (963 m)
  • Morra de las Cucalas (1226 m)
  • Morra del Portillo (1245 m)
  • Morra de los Picachos (1247 m)
  • Morra de la Carrasca (1242 m)
  • Morra de las Bojas (1286 m)
  • Morra de Juan Alonso (1326)

Por tanto la primera gran dificultad es el desnivel para ganar más de 700 metros en unos seis kilómetros, pero si es tienes una mínima forma física y habito de subir montañas este no debe de ser inconveniente.

No hay sendero, por tanto hay que caminar monte a través y aunque la orientación no es ningún problema ya que no hay perdida posible, te debe de gustar o por lo menos soportar transitar sin esas cómodas señales de colores que te tranquilizan el alma al saber que vas por buen camino o por lo menos encontrar de vez en cuando hitos de piedra. Alguno hay pero son escasos e innecesarios, ya que el terreno hace que tengas que buscar el paso más accesible esquivando matorrales, árboles y sobre todos rocas.

No hay que hacer trepadas, sin embargo si quieres hacer todas y cada una de las cimas de las morras será necesaria en alguna que otra ocasión poner las manos en el suelo para asegurar el incomodo caminar por rocas.

Y esta es sin  lugar a dudas alguna la gran dificultad de la cuerda, el terreno. Se trata de un lapiaz, lenar o pavimento de caliza, formado por surcos u oquedades de dimensiones pequeñas o medianas, separado por tabiques o paredes de roca en algunos casos agudos.



El caminar durante horas por este tipo de terreno hará que tus articulaciones inferiores, rodillas y tobillos sufran más de lo acostumbrado y queden maltrechas al terminar la ruta. A esto hay que añadir el peligro de una caída o torcedura que puede tener consecuencias nefastas tanto por las importantes heridas que te puede ocasionar este tipo de terreno como la dificultad de evacuación en este punto.

Estas formas kársticas elementales tienen su génesis por la disolución superficial de la caliza afectada por agua de escorrentía o almacenada superficialmente en puntos donde la microtopografía permite una mejor retención o canalización del agua o la humedad. La disolución superficial de las calizas se acelera durante las lluvias debido a la acidez por el anhídrido carbónico del aire, que por hidratación se convierte en ácido carbónico. La caliza es un carbonato cálcico que no es soluble en el agua, pero reacciona con el ácido carbónico convirtiéndose en bicarbonato cálcico, que sí es soluble en el agua, por lo que el suelo calcáreo irá profundizándose en los lugares donde se concentran las pequeñas corrientes de agua.

Por todo lo expuesto esta ruta esta vetada a los senderistas que solo caminan por sendas cómodas o que no gustan de los terrenos agrestes.

Una vez realizada la Morra de Juan Alonso, la de mayor altura y que pone fin a las Paredes del Leiva por el norte, puedes bajar al Collado blanco y seguir deleitándote de las mismas desde abajo, un espectáculo más conocido pero que no importa repetir, por una cómoda pista en descenso que siempre da lugar a la conversación entre los participantes.



Sin embargo nuestra intención era seguir cresteando hasta llegar al monte de Valdelaparra, pero se vio truncada por la existencia de una valla dentro del Parque Regional, que sin ser limítrofe del mismo debe de tener una función protectora de los cultivos del próximo Valle de Valdelaparra. Lamentablemente la conservación de la misma es muy deficiente ya que la caída de árboles y los propios animales han hecho que existan diversas zonas en las que esta caída, por lo que su única funcionalidad es impedir realizar rutas fuera de los trazados habituales.

Aunque la sostenibilidad del parque debe conjugar los intereses naturales con los empresariales de los propietarios de los terrenos adyacentes, desde mi ultima visita al Barranco de Valdelaparra he notado un incremento sustancial de los terrenos roturados para cultivos y la de construcciones agrícolas, espero que se sepa controlar este desarrollo y no convertir este precioso valle en una explotación agrícola, que en cierto modo y con mesura ayuda a darle belleza al parque con la presencia de plantaciones de nogales que con sus hojas caducas decoran el entorno en la otoñada.



La ruta en su comienza discurre por el Barranco de la Mojonera, más conocido como el de las brujas, y que une el Berro con el Valle del Leiva, hasta abandonarlo para coger la cuerda del Estepar. El nombre popular le viene dado por la existencia de una leyenda, que unido al fantasmagórico sanatorio, donde se han producido apariciones y recogido grabaciones de sonidos estremecedores, otorgando una visión mágica a Sierra Espuña y hacer una nocturna por estos singulares parajes es solo para valientes o incrédulos. La Leyenda del Barranco de la Brujas dice que unas brujas destriparon una rehala de mulas que bajaba de los pozos de la nieve por el camino del Valle de Leiva. Los arrieros, espantados, pudieron escapar con vida y transmitieron un relato espeluznante donde unas brujas horrendas con uñas afiladísimas rodearon a las bestias en cuestión de segundos y las abrieron en canal. Y sin duda alguna, caminar por este barranco con poca o ninguna luz, rodeados de pinos y encajonados por las montañas sin posibilidad de escapatoria, hará que tus miedos ancestrales salgan a flote entre las sombras. Te animas a realizar la ruta, ahora.

Y la naturaleza a veces te brinda espectáculos difíciles de ver y que solo saliendo a su encuentro tienes la posibilidad de encontrártelos. En esta ocasión el amigo Isidoro, otro “loco” de Sierra Espuña, no hacia más que insistir en la posibilidad de ver muflones, ante mi escepticismo dado que por esta zona es algo más infrecuente en comparación con la umbría del Pedro López  o la solitaria parte norte. Y no solo los vimos en la Morra de Juan Alonso amparados por las vallas allí instaladas sino que en el sendero de regreso, en las faldas de la Morra de las Cucalas, debajo de la Piedra Burrera vimos una pequeña manada de Arruis que en un primer momento se ocultaron para instantes después en estampida pasar a escasos metros de nosotros ante nuestro asombro por el ímpetu de su carrera que nos paralizó hasta el punto de ni siquiera intentar sacar las cámaras para inmortalizarlos. Algo difícil de ver ya que su carrera suele ser huyendo de los grupos de personas y no en la misma dirección en la que nosotros avanzamos y más pasando tan cerca. 



DESCRIPCIÓN DE LA RUTA

Ruta circular desde El Berro. Enlace al punto de inicio. Justo en la parte de atrás del Camping Sierra Espuña pasa el Barranco de la Mojonera atravesando la carretera, en este punto un sendero se introduce en el barranco esquivando los campos de cultivo para seguir durante unos dos kilómetros el cauce del mismo y por el que transcurre un GR. En la confluencia de dos cauces seguir siempre el de la derecha abandonando el señalizado sendero hasta llegar a la base de la Cuerda del Estepar.

No se encuentra señalizada, salvo algún que otro perdido hito, dicha cuerda, pero no tienen perdida ninguna y solo consiste en subir por donde os sea más fácil. En esta subida no dejes de mirar a tu alrededor, a parte de tomar aire, veras surgir la inmensa Sierra Espuña por los cuatro cortados, con la imponente mole rocosa del Morrón de Alhama al frente y un jardín de bosques al sur, sobresaliendo de entre ellos los restos del edificio del antiguo sanatorio que inexplicablemente están dejando caer en la ruina nuestros administradores regionales.

Superada una pequeña tachuela con nombre “Morra del Lentisco”, tenemos a nuestra vista la primera gran elevación la Morra de las Cucalas, para en un subir y bajar ir haciendo todas y cada una de las morras, extremando la precaución por las afiladas rocas por las que caminaras. Este tortuoso pero entretenido tramo tiene una extensión de tres kilómetros, en el que gozaras de una visión aérea y distinta tanto del Valle del Leiva como del de Valdelaparra como de toda la zona Oeste desde el Berro hasta el Embalse de Algeciras y sus Barrancos de Gebas. 



Una vez superada la Morra de Juan Alonso, si decides seguir el track, te toparas con una valla de utilidad desconocida. Al no poder continuar la cuerda y ser respetuoso con las instalaciones, seguimos la valla descendiendo en un asequible pero a veces complejo sendero hasta el nacimiento del Barranco de Valdelaparra. En este punto te das cuenta de que no estas fuera sino dentro del vallado por lo que para llegar al cauce del mismo no te queda más remedio que atravesarlo en uno de los numerosos rotos. Ascendemos al sendero que viene desde el collado y que nos lleva hasta la finca y campos de cultivo donde se convierte en pista forestal. Seguimos la pista, teniendo ante nuestros ojos toda la cuerda que hemos realizado y las diferentes cumbres que hemos superado.

En el barranco a nuestra derecha vemos una tubería que lleva agua hasta la envasadora de Fuente Dueñas y en la siguiente curva pronunciada veremos hitos que nos indica que el momento de bajar al barranco. A pesar de estar señalizada, los hitos pétreos pasan a veces desapercibidos pero la intuición nos llevará a la parte baja de una represa del barranco. Justo enfrente tenemos un visible sendero que cogemos y no dejamos para regresar al Berro en un monótono paisaje, que solo se ve alterando por la presencia de los arruis o por las inmensas vistas al este de la Región.

                                 Nos vemos en el monte, y ¡tengan cuidado ahí fuera!


Fecha: 21/11/2015
Organizada por: 
Web - Facebook
Guia: Antonio S.
Imagenes propias


PRESENTACIÓN DE MIS IMAGENES

DATOS DEL GPS

Hora Inicio: 11/21/2015 08:09
Hora Fin: 11/21/2015 14:49
Distancia recorrida: 15km (06:39)
Tiempo en movimiento: 02:12
Velocidad media: 2,3km/h
Vel. en Mov.: 6,8km/h
Velocidad Máxima: 8,4km/h
Altura Mínima: 548m
Altura Máxima: 1269m
Velocidad Ascenso: 282,2m/h
Velocidad Descenso: -397,9m/h
Ganancia Altitud: 981m
Pérdida Altitud: -991m
Tiempo Ascenso: 03:28
Tiempo Descenso: 02:29