CUMBRES DE CARTAGENA: SENDERISMO
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Cumbres del Parque Natural de Calblanque


Tarde o temprano tenia que pasar, y en este día de invierno en el calendario pero primaveral en lo climático ocurrió. Cuando uno se pone a guiar a compañeros por el medio natural las satisfacciones suelen ser mucho mayores que los inconvenientes, sobre todo cuando el grupo se sorprende  con las mil y una  sorpresa que la naturaleza nos ofrece y que casi todos hemos experimentado: una cascada, un paisaje infinito, una arista vertiginosa, una flor poco común,  la esquiva presencia de algún animal, etc.

Sin embargo, cuando andamos al frente de un grupo, llevamos un miedo, una incertidumbre, una responsabilidad que  hace que nuestra satisfacción y tranquilidad sea frenada por las diferentes sorpresas que un medio, como es el natural, adverso por naturaleza, pueda depararnos en una jornada por el monte. Así un cambio imprevisto en el tiempo (lluvia, granizo, niebla), un desliz en el itinerario previsto (caminos cortados, vallas, pruebas organizadas) o sobre todo el temido accidente de algún participante, pueden presentarse a la ruta sin haberse apuntado, ni mucho menos haber sido invitados.

Efectivamente esta fue la primera ruta en la que tuve que solventar el pequeño accidente de un compañero. En las rutas de senderismo no suelen ocurrir accidente mortales, pero si pueden llegar a ser graves, como roturas de extremidades, traumatismos por caídas que si son en la cabeza pueden ser muy graves, picaduras de insectos, alergias ... Afortunadamente el destino quiso que mi labor como rescatador se iniciara con una situación fácilmente superable y con las circunstancias favorables, tal vez como prueba o aprendizaje para otras más duras y como enseñanza de que la formación en este, como en otros aspectos, ha de ser continua, ya que lo que no se practica se olvida rápidamente.

En esta ruta de media montaña existían principalmente dos lugares donde tenia que tener las mayores precauciones, indicar el acceso más favorables e ir juntos de tal forma que todos nos pudiéramos ayudar a progresar. Uno era el acceso a la cumbre de la Peña del Águila y sobre todo el descenso monte a través por terreno muy suelto y con rocas, a lo que hay que añadir la pendiente, no obstante era zona muy conocida por casi todos y la subida se encuentra incluso señalizada. Otro, el más desconocido, (salvo para el amigo Antonio que se conoce todos los recovecos de nuestras montañas en las que pasa más tiempo que en su casa) como es la subida por la cara occidental del Cabezo de la Fuente. Tramo corto pero montañero donde hay que progresar por un espacio muy vertical y buscando los accesos más asequibles. Para sortear estos dos puntos “negros” reagrupe y todos juntos los fuimos sorteando, con excepción de los habituales “pies inquietos”, que bajo su responsabilidad se adelantaron.

Lo ultimo que podía pensar, antes de empezar, es que en la casi única zona plana o con escasísimo desnivel como es el Barranco del Moro y por la Calzada Romana pudiera tener algún problema. Pero en este punto ocurrió que el compañero Francisco sufrió un esguince de grado II en uno de sus tobillos, fruto, probablemente, de la relajación después de la intensa y larga bajada de la Peña y de lo irregular que se encuentran las piedras que conforman la calzada y es que lleva siglos sin que los peones camineros del Imperio se hayan pasado por aquí a parchearla.

Primero fue incredulidad, cuando los compañeros me gritan que alguien se había accidentado, luego fue tranquilidad, una vez vista que la lesión, dentro de la gravedad, le permitía caminar, lento, apoyado en los hombros de los aguerridos compañeros pero factible y finalmente aliviado cuando un grupo de compañeros que se nos habían agregado para retirarse en Cenizas se ofrecieron a trasladarlo en su vehículo a una clínica y así el resto podíamos seguir con la ruta, por lo que desde aquí les expreso mi mas sincero agradecimiento y el del resto de participantes. 

El compañero lesionado manifestó su voluntad de dar parte al seguro federativo, aquí se puede ver la necesidad imperiosa y obligatoria de salir asegurado al monte, ya que en otro caso puedes comprometer tu salud y la posibilidad de tener un susto económico si te tienen que rescatar, y pensando que puede servir de experiencia para otros paso a relatar la experiencia en este aspecto.

En tu tarjeta federativa tienes un numero de teléfono al que tienes que llamar en cuanto tengas cobertura y te encuentres en lugar seguro, una vez comprobados tus datos te facilitan la clínica más próxima a tu domicilio a la que te tienes que desplazar. En esta ocasión el rescate lo hicimos por nuestros medios, pero si hubiera sido en un lugar más inaccesible o el accidente más grave hubiéramos tenido que llamar al teléfono de emergencias (112) para que lo hicieran profesionales.  Posteriormente tienes que hacer un parte de accidente para remitir a la federación en el plazo de 48 horas. En esta ocasión el club a través de su presidente le facilitó esta burocracia al socio, ventajas de pertenecer al Centro Excursionista de Cartagena.

En el momento en que me comunican que se ha producido un accidente, mi mente se quedó bloqueada y todas aquellas actuaciones que tan bien nos enseñaron en el curso de monitor de senderismo  y que había llegado el momento de poner en practica no las encontraba en el disco duro de mi mente, estarían en la papelera de reciclaje. Por tanto me tomo esta experiencia como un aviso y que debo de reciclar mis conocimientos básicos de atención al accidentado.

Afortunadamente el resto de la jornada se desarrollo con tranquilidad pero con cierta inquietud interna por el estado del accidentado, ya que aun recuerdo el accidente de Juanmi hace unos años y lo que todos intuíamos como esguince resulto ser una gravísima rotura de peroné. Afortunadamente no fue el caso y tomándonos las cervezas pudimos celebrar que solo fue un doloroso esguince que  obligara a nuestro maratoniano compañero a estar unos meses en el dique seco pero como el mismo comentó en redes sociales,

 “¡¡¡ Volveré !!!”

Al igual que hace unos años cuando realice esta ruta por primera vez, llama la atención la explosión de colorido que muestra nuestra vegetación de matorral en este mes invernal como preludio de la próxima estación de las flores. A parte de la extendida y llamativa varita de San José, otras muchas nos acompañaron, destacando por su masiva presencia el amarillo pinchoso de la aliaga que ha colonizado la falda quemada de la Peña del Águila y lo que hace unos años eran troncos ennegrecidos por el hollín ahora en algunas zonas es hasta difícil ver el suelo por el imparable desarrollo del matorral, al que sin duda deberían completar nuestras autoridades reponiendo las sabinas que ardieron y que por desgracia no han podido regenerarse solas, salvo algunas excepciones que vimos en torno a la mina que llaman “Lola”.

Y a la magnífica señalización del GR92 hay que sumarle los aportes en forma de señalización, cartelería y acondicionamiento, pocos pero algo es algo de señalización de los hitos de nuestras montañas como los realizados en la zona de la Calzada Romana, Cenizas y la Fuente Grande, esperemos que los respeten los enemigos de lo público.
  
Para saber más detalles de la ruta en si te emplazo a la descripción dada en la siguiente crónica: ENLACE






                                      Nos vemos en el monte, y ¡Tengan cuidado ahí fuera!


05/03/2017
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GUIA: Antonio

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