CALDERON/BARRACAS (1.838 m) -Techo Autonómico y Provincial-
Sierra de Javalambre. Parque Natural de la Puebla de San Miguel
Un poco de historia
Esta cumbre provincial de Valencia y autonómica de la Región Valenciana, cuenta con un sinfín de curiosidades que vamos a conocer o recordar. Aunque estamos acostumbrados a ver en los mapas ese islote valenciano rodeado por los castellanos y aragoneses, es muy probable que no sepas su motivo. Resulta que el origen de este exclave denominado Rincón de Ademuz se remonta al siglo XIII, en plena Reconquista, y se debe a una carambola de decisiones estratégicas de los reyes de la Corona de Aragón. Tres hitos clave explican por qué este territorio quedó aislado geográficamente de Valencia pero unido a ella políticamente:
La conquista aragonesa temprana (1210), antes de que Jaime I conquistara la ciudad de Valencia, su padre, Pedro II de Aragón, se adentró en territorio musulmán en 1210 y tomó las dos grandes fortalezas que controlaban la zona: Ademuz y Castielfabib. Como la campaña fue realizada por el rey de Aragón, inicialmente estas tierras se adscribieron a dicho reino.
Con la creación del Reino de Valencia por Jaime I , años más tarde, las fortalezas volvieron temporalmente a manos musulmanas hasta que Jaime I el Conquistador las recuperó de forma definitiva. Al estructurar sus nuevos dominios, Jaime I tomó una decisión institucional clave: en lugar de anexionar las tierras conquistadas a Aragón (como querían los nobles aragoneses), creó un reino diferenciado: el Reino de Valencia. Para asegurar el control de la Corona y frenar el expansionismo de la nobleza aragonesa, el rey declaró a Ademuz y Castielfabib como Villas de Realengo (patrimonio directo del rey) y las integró bajo las leyes y las Cortes del Reino de Valencia.
El "cierre" de la frontera: La donación de Arcos de las Salinas (1269). En ese momento, el territorio todavía tenía continuidad física con el resto del territorio valenciano. Sin embargo, el 17 de junio de 1269, Jaime I otorgó la villa colindante de Arcos de las Salinas al Concejo de Teruel (Reino de Aragón). Con este movimiento geopolítico, el Reino de Aragón se interpuso físicamente en el mapa: El Rincón de Ademuz se mantuvo fiel a las leyes y fueros de Valencia. Arcos de las Salinas pasó a ser Aragón.
Resultado: El Rincón quedó completamente rodeado por Aragón y Castilla, transformándose en la "isla" territorial que conocemos hoy. Una frontera inalterable: A pesar de los siglos y de los sucesivos intentos de reorganización territorial (como los decretos de Nueva Planta, la división por prefecturas napoleónicas de José I en 1810 o la reforma provincial de Javier de Burgos en 1833), la identidad valenciana del Rincón de Ademuz y sus límites geográficos se han mantenido intactos durante más de 750 años.
¿Por qué tiene dos nombres esta cumbre?
Tiene una explicación histórica y geográfica:
Alto de Barracas: Es el nombre topográfico tradicional y oficial que se utiliza en la Comunidad Valenciana. Se llama así porque desde su cima se divisa perfectamente el municipio y los llanos de Barracas (una localidad de Castellón), además de hacer referencia a los antiguos refugios de pastores ("barracas" de piedra seca) que abundaban en la zona.
Cerro Calderón: Es el nombre que se le da históricamente desde el lado de Teruel (Aragón), ya que la montaña hace frontera con el término turolense de Arcos de las Salinas. "Calderón" hace referencia a la forma de "caldera" o depresión hundida que tienen algunas de las hoyas y formaciones calcáreas de sus laderas.
Durante años hubo disputas entre geógrafos de ambas regiones por el nombre, pero hoy en día se aceptan ambos por igual, aunque la Generalitat Valenciana prioriza Alto de Barracas.
Curiosidades de esta montaña:
- La leyenda de los pastores y la nieve.
Al ser una zona fronteriza y de pastoreo, existe la leyenda local de que la cumbre era un lugar de tregua. Se decía que cuando las tormentas de nieve de invierno (que son brutales en esa zona) atrapaban a los pastores, no importaba si eras valenciano, aragonés o manchego; la cumbre del Calderón obligaba a compartir las "barracas" de refugio. Quien negara el fuego a un rival en la cumbre, sería maldito por los espíritus de la sierra perdiendo todo su ganado.
- El origen de las "Hoyas"
La cumbre no es un pico afilado, sino una llanura elevada y alomada llena de depresiones llamadas "hoyas". La leyenda popular decía que estas enormes depresiones circulares eran las huellas de un gigante que caminaba hacia el mar, aunque la geología nos dice que son dolinas de disolución kárstica.
- Las Sabinas Milenarias
Subir al Alto de Barracas no es solo ver paisajes, es viajar en el tiempo. En sus laderas se encuentra una de las mayores joyas botánicas de Europa: Las Sabinas Albar de Las Blancas. Algunas de estas sabinas tienen más de 1.000 años (estaban allí cuando el Cid Campeador cabalgaba por la zona). Tienen formas retorcidas por el viento que los locales llaman "garras" o "monstruos de madera
- El "falso" techo de Valencia
Durante décadas, mucha gente (e incluso algunos libros escolares antiguos) creía que el pico más alto de Valencia era el Peñagolosa. El error venía de que el Rincón de Ademuz, al estar separado físicamente del resto de la provincia de Valencia, quedaba "olvidado" en los mapas escolares. No fue hasta las mediciones modernas del Instituto Geográfico Nacional que se le dio el trono oficial al Alto de Barracas.
- Un clima que parece Siberia
Aunque estemos en la soleada Comunidad Valenciana, la zona del Alto de Barracas registra algunas de las temperaturas más bajas de España. En invierno, debido a la "inversión térmica" en los valles cercanos y la altitud de la cumbre, el termómetro puede caer fácilmente por debajo de los -15 °C.
-La anécdota del vértice geodésico
En la mismísima cumbre hay un pilón de piedra blanca (el vértice geodésico). Si te sientas en él, estás literalmente en la frontera: tu pierna izquierda puede estar en la provincia de Valencia (Comunidad Valenciana) y tu pierna derecha en la provincia de Teruel (Aragón).
Ya conocemos un poco más donde vamos. Tras el desayuno y recoger las maletas ponemos rumbo hacia la Puebla de San Miguel, en este punto todavía no sabía que estábamos a punto de padecer el mayor ataque de nervios y estrés del todo el viaje y que no lo iba a provocar la montaña. Resulta que cuando planifique la ruta y busque el hotel lo hice con Google maps, calculando distancias y viendo la duración tiempo y el tipo de carreteras, respecto a esto último indicaba que íbamos por carreteras Comarcales, pero al llegar al pueblo de Riodeva, el GPS nos mete, a pesar de que me desvié porque pensaba que era imposible, por un camino de tierra en dirección a Mas del Olmo. Fueron solo 8 km. pero la tensión por ir con turismos, algunos de suelo bajo y nuevos, fue lo peor del día y del viaje, y la cosa no queda ahí, en la entrada del pueblo, ya finalizando nuestro “fuera de carretera”, de Más del Olmo, había un badén de tierra que me salté y a los poco metros un ruido metálico infernal se oía en la zona de la rueda trasera izquierda. Si dentro se oía fuera era tremendo la gente del pueblo, que estaban de procesión se quedaba mirando, paré y me dijeron de buscar una acera para subir la rueda y ver que le pasaba. Recorrí unos metros y el ruido desapareció por lo que aunque con inquietud continuamos el viaje. Supongo que algún alambre u otro objeto metálico se introdujo en el amortiguador en el salto del badén y hasta que no salió hacia tremendo ruido.
Continuamos ya por buena carretera hasta el punto de salida de la ruta, pero siempre con la duda si en algún momento el coche iba a decir basta, cosa que no paso.
En la rotonda de entrada del pueblo dejamos los coches y comenzamos la ruta, bastante más tarde de lo previsto por lo que el calor comienza a apretar, pero al final quedo un día primaveral sin grandes agobios por las temperaturas. Desde el cementerio, donde estábamos aparcamos nos dirigimos por la carreta en dirección a la ermita de la Purísima Concepción, que no visitamos ya que seguimos en fuerte ascenso un camino que después se transforma en sendero y que nos remonta el Barranco del Chorro. Pasamos por la Fuente del Javandal y continuamos ascensión hasta llegar a la pista junto al Corral del Maderero. En la siguiente curva la derecha tienes la opción de seguir por la pista o coger un atajo – medio sendero para volver a la misma justo en el nacimiento del barranco. En siguiente cruce de la pista giramos a la derecha para llegar al Paraje de las Blancas, todo este entorno está repleto de ejemplares centenarios de Sabina Albar, las más antiguas con más de 1000, y las más significativas con un curioso cartel de madera a sus pies indicando su edad. Curioso y llamativo paraje, a la vez que cuidado.
Aquí las cámaras echaban humo e incluso incité a los compañeros a abrazar algún ejemplar pero la mayoría no eran amigos de los árboles o por lo menos no le tenían la confianza suficiente como para abrazarlos.
Todavía en este paraje el sendero nos lleva hasta los Corrales de la Cerrada y unos cientos de metros más adelante nos devuelve a la pista junto al Corral del Tío Peseta. Como aprendí del error del día anterior, no quería dejar más tiempo sin reponer fuerzas, a pesar de los reparos de algún montañero fortachón, por lo que propongo hacer la primera parada corta para un almuerzo, cosa que hacemos en el siguiente cruce de pista, paraje de Collada de la Vieja.
Con fuerzas renovadas seguimos la ascensión y a pocos metros dejamos definitivamente la pista para coger sendero en dirección norte hasta bajar al Barranco del Saladillo, el cual recorremos hasta llegar de nuevo a la pista que va al Refugio del Buey. Pregunto si alguien está interesado en conocerlo ya que esta cerca, pero al ver que hay que desviarse y en ascensión no hubo ni un solo curioso.
Cruzamos la pista y seguimos por el barranco hasta su nacimiento ya en el Paraje de Las Barracas que da nombre a la cumbre. Desde aquí una empinada cuesta con hitos gigantescos desata a los participantes que a modo de carrera hasta el hito comienzan a ascender como si no hubiera un mañana, yo me relajo y subo a mi ritmo.
Para subirse al hito hay que pedir cita previa, pero al fin lo consigo, cuando todos se ponen a reponer fuerzas con el bocadillo. Un ratico para la conversación y para el chocolate que mi suministradora habitual me ofrece. "La mejor senderista del club", gracias.
Toca el regreso, en dirección sur cogemos senderos que nos deja cerca del pino “El Abuelo”, pero no perdemos tiempo en buscarlo, al igual que con el pino “Vicente”, estamos que nos vamos a casa y nada nos va a parar.
Les ofrezco subir al Pico Gavilán, por si alguien está haciendo su cartilla montañera y necesita montañas, pero nadie acepta la oferta por lo que ya en la pista cogemos velocidad en descenso.
Pasado el Corral del Bizco, nos salimos de la pista por sendero marcado de corto recorrido que ataja la misma. En este tramo el desnivel se acrecienta que junto con la piedra suelta hace que tengas que ir con cuidado y no poder bajar rápido. Finalmente salimos de nuevo a la pista junto a la imagen de La Santica. De aquí al pueblo ya es un paseo casi llano por carretera.
En la Puebla de San Miguel tuvimos más suerte que en otros pueblos y había un bar abierto, aunque tuvimos que aguantar al socarrón del propietario. Tras el festejo regreso a casa, que aun quedaban cuatro horas de coches, que entre música, conversación amena y despistes varios conseguimos llegar, después de dejar arropada en su ciudad natal a la compañera.
¡¡¡ Nos vemos en el monte y tengan cuidado ahí fuera !!!



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