PEÑARROYA (2.028 m) "La Peña Roja"
Día 2. Mañana "Peñarroya"
En este día teníamos el trayecto en coche más corto y rápido al encontrarnos en la misma provincia y tener buenos accesos esta sierra por contar en su entorno con la estación de esquí de Valdelinares.
Tras lucha dialéctica con nuestro anfitrión conseguimos desayunar a las 8:00 para salir a las 9:00 y comenzar la ruta sobre las 10:00, con una temperatura perfecta a estas horas para la ascensión, luego en la cumbre soplaba algo de viento y el calor de la bajada ya no importa tanto.
El inicio de la ruta es el pueblo de Alcalá de la Selva, bonito pueblo en la ladera de la montaña en un recodo del rio de mismo nombre y que tiene de todo, incluso un imponente castillo, pero los bares, que los hay, están cerrados, por lo menos los días laborales.

El Pico Peñarroya, con sus 2.028 metros de altitud, es la cumbre más alta de la provincia de Teruel y de todo el Sistema Ibérico turolense. Situado en el municipio de Alcalá de la Selva, en el corazón de la Sierra de Gúdar, destaca por su silueta alomada y su denso entorno natural. El término proviene del latín Pinna (peña o roca) y el adjetivo aragonés roya (roja). Hace referencia directa a los tonos rojizos de los estratos calizos y areniscas que componen la montaña, especialmente visibles bajo la luz del atardecer.
En cuanto a la Sierra de Gudar, en la que se encuentra, también resulta llamativo dicho nombre, esta mayoritariamente aceptado por los filólogos e historiadores como un legado de la época andalusí (árabe) que el término proviene de la palabra árabe ġudar (غدر). Significado: Este vocablo se traduce literalmente como "suelo duro y pedregoso" o "terreno lleno de peñascos"
El Peñarroya alberga una de las poblaciones más meridionales de Europa de pino moro (Pinus uncinata). Esta especie es típica de climas alpinos y del Pirineo. Su presencia aquí es una "reliquia glacial": árboles que se adaptaron a estas cumbres durante las últimas glaciaciones y que quedaron aislados en Teruel cuando el clima de la península se volvió más cálido.
A diferencia de los tresmiles pirenaicos, el Peñarroya no es una montaña afilada o escarpada. Geológicamente es una muela o altiplanicie calcárea elevada. De hecho, la ascensión desde localidades cercanas como Valdelinares o el Puerto de San Rafael es un paseo de pendiente suave y constante, ideal para el senderismo familiar.
Una vez aparcados los coches en la rotonda de entrada al pueblo, frente al pabellón municipal comenzamos la caminata visitando la ermita de San Roque y Loreto y la ermita de San Antón, toda una urbanización celestial en la entrada del pueblo ¿será un lugar de poder?, yo solo sentí los incansables ladridos de los perros desde la vecina casa, se ve que no soy sensitivo.
Desde este punto seguimos el GR 8 durante 1.5 km. por sendero señalizado para abandonarlo hacia la izquierda, el regreso lo haremos cogiendo un tramo mas largo de este sendero de gran recorrido. Al salirnos del sendero tuve trabajo de orientación, que con el GPS no es gran cosa, pero saltamos muros, vallas, vallas con espino, cables para animales, en fin un poco de aerobic. Estas fincas agrícolas y/o ganaderas tienen nombre como Mas del Hontanar, Corralejo o Majada de la Solana. En las proximidades de esta ultima cogemos una pista que nos deja frente a la cumbre para superar un desnivel final de +100 hasta llegar a la cumbre.
El geodésico es descomunal, en la misma cumbre se alza una torre cilíndrica de hormigón de unos 10 metros de altura que funciona como vértice geodésico del Instituto Geográfico Nacional (IGN). Como la cima del Peñarroya es muy llana y está rodeada de pinos altos que tapan las vistas subir a su plataforma superior es imprescindible para poder disfrutar de una panorámica limpia de 360 grados que, en días despejados, alcanza el Moncayo e incluso los Pirineos. Ojo la subida se realiza por peldaños, algunos están muy sueltos, precaución. Desde la base de la torre con barandilla también tienes una magnificas vistas y si te acercas a los alrededores podrás incluso ver la cima realizada el día anterior, el Peñagolosa, asomando su cumbre entre las moles amoladas de esta sierra.
Pero si hay algo por lo que recordaré esta cumbre es por el regalo que nos hizo José. Tuvo la ocurrencia de subir cargado con un gigantesco Tupper lleno de bizcochos de chocolate, ¡¡¡Gracias a él y a la cocinera!!!, ya tengo otro suministrador de genero para calmar el mono en la montaña.
Nos tomamos nuestro tiempo para las clásicas fotos y postureos varios, así como para comer antes de iniciar el descenso, raudo hacia el punto de origen y la tan ansiada rubia espumosa.
Bajamos por un sendero poco señalizado pero de fácil orientación hasta el Collado de la imagen, donde cogimos la pista hasta llegar al cruce con el Refugio Chaparrilla. Tras deliberación decidimos bajar todo a conocer este enclave, y tengo que decir que merece la pena ya que tiene una fuente con agua potable y un lago a sus pies donde cientos de ranas ponían la nota musical. Junto a la misma una piedra nariguda hizo la delicias de la cámaras fotográficas, sacando incluso parecidos con algún participante.
Remontamos de nuevo a la pista ya GR 8 o Pista de los Monegros, que no abandonamos en ningún momento hasta llegar al pueblo. A pesar de ser un GR en algún momento te puedes despistar como de hecho paso a algún miembro del grupo, ya que al ir relajados en descenso y con amena conversación no se esta muy atento ni al de delante ni a las marcas. Reagrupamos y seguimos.
Con la finalidad de reponer fuerzas junto con la cerveza, las liebres que se adelantaron al grupo buscaron algún bar abierto, pero no tuvieron suerte e incluso un vecino les dijo que la única opción era ir al pueblo próximo de la Virgen de la Vega, y como somo muy aplicados eso hicimos y en la terraza del hotel tétrico pudimos estar a la sombra muy relajados. El misterio de este establecimiento surge por las historias que contó Piedad, de ratas deambulando en la oscuridad por las mesas del comedor, que se encontraba totalmente vacío cuando se hospedó no siendo muy acogedores los regentes y para colmo la atención y la pinta de las camareras tampoco eran de comedia sino de película de miedo.
🍔🍔🍔🍔🍔🍔
Y como a l@s señorit@s les pareció
poca distancia y desnivel, querían más, y además estaba previsto si daba
tiempo, que dio. Nos acercamos al pueblo de Alcalá de la Selva de nuevo, para
hacer el cañón con pasarelas del río Alcalá. Hicimos el traslado de coches al principio
y al final y comenzamos la ruta, no sin un pequeño equivoco por mi parte que rápidamente
subsane al oír un coro celestial de móviles indicando que nos estábamos alejando
del track. A veces compartirlo con los demás tiene cosas buenas.
El cañón es fascinante, salvaje y
muy natural a pesar de los peldaños, pasarelas y cuerdas que le han instalado
para hacerlo accesible al público en general. Muy recomendable y fotogénico,
pero más vale que veas las fotos. Existen varias opciones para su realización,
circular haciendo la ida y la vuelta por las pasarelas, tal vez la más
aconsejable ya que la visión es distinta y la luz que entra en el cañón también
cambia a cada instante, otra seria circular volviendo por el GR, y así divisar
el cañón desde arriba un poco más dura pero no mucho (+200 m); y finalmente la
que nosotros hicimos solo ida y regreso en coches, solamente recomendable para
cuando vas justo de tiempo o de fuerzas.
Por lo visto esta recién creada
esta ruta de pasarelas por lo que toda la infraestructura estaba nueva, esperemos
que tenga buena conservación ya que es un atractivo natural y turístico para
esta zona.
Raudos y veloces, algunos más que
otros, volvimos al hotel para recuperar fuerzas con la cena. Al llegar tuvimos
la agradable sorpresa de que el grupo había crecido ya que vinieron a pasar
el fin de semana cinco nuev@s compañer@s. Lamentablemente Lola recibió una de
esas llamadas que no queremos recibir nunca y tuvo que regresar urgentemente,
desde aquí te deseo que solo fuera un susto. Como no había habitaciones para
tod@s, las nuevas incorporaciones se tuvieron que alojar en una casa rural próxima
y en un hotel a escasos kilómetros, por lo que dicen la casa estaba mucho mejor
que el hotel, haciendo bueno el dicho de que los últimos serán los primeros.
Después de la cena nos acercamos al mirador de la estrellas que hay en las afueras del pueblo para bajar la cena. Solo se trata de un letrero colocado estratégicamente en un lugar hondo y donde no llega la luz del pueblo ni de ninguna casa de campo, por lo que la oscuridad favorece el visionado de las estrellas. Nos falto un astrónomo que nos interpretara el espectáculo que estábamos viendo, pero cada uno aportó lo que sabia y por lo menos vimos el carro, la luna, la osa mayor, la osa menor …
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